Calidad del sueño, peso, rendimiento deportivo, actividad sexual, seguidores, tendencia de la cuenta corriente, resultados de inversión, evaluaciones profesionales… Cada día disponemos de más parámetros que miden nuestra actividad en cualquier área.
Nuestra relación con esa información puede condicionar (y mucho) nuestras sensaciones internas y, por tanto, nuestro estado. De hecho, los datos pueden generar relaciones muy tóxicas con la disciplina que se trate: tener pánico o dependencia a los registros de mi entrenamiento y que el deporte deje de producirme sensaciones positivas; dormir mal por saber que se está grabando mi sueño; trastornos nutricionales por la relación con la báscula; perder toda motivación profesional, tras recibir unas evaluaciones que para el emisor son una carga más indeseable o un filtro para repartir los bonus de manera “justificada”…
Por tanto, se trata de una paradoja más: ¡cuanta más información tengo más agobiado y desmotivado me siento en casi todo! De nuevo, las preguntas inteligentes nos pueden ayudar a encontrar nuestras respuestas y, por tanto, la manera de interactuar de una manera más saludable con todas y cada una de nuestras facetas. Y, por tanto, con los parámetros que las miden