El ser humano está configurado para no verse la cara. Y dada la perfección de esta “maquinaria”, podríamos abrir diversas teorías acerca de ese matiz con importancia.
“Todo el mundo ve lo que aparentas ser, pocos experimentan lo que realmente eres”.
Nicolás Maquiavelo
Efectivamente, podemos hacer un gran trabajo de exploración personal, profundizando acerca de quién soy. Pero es probable que no tengamos mucha información de lo que proyectamos a los demás; de nuestro propio impacto en el entorno.
Y ese gap entre lo que yo soy (¿?) y mi propio impacto en el mundo constituye una ventana con un importante potencial para mi expansión.
¿Sigo esforzándome en mostrarme seguro y no soy consciente de que los demás me perciben como arrogante? Quizás podría utilizar esas energías en otro objetivo y, por tanto, convertirme en una versión más potente y, por tanto, eficiente.
Estas observaciones cobran su mayor sentido en el mundo profesional. Las interacciones que desarrollamos en ese marco vienen marcadas y prejuzgadas por mi propio impacto desde el momento menos uno.
En el próximo Encuentro mensual con los suscriptores de Interacciones, abordaremos está temática y lo haremos desde diversas cámaras. Especialmente desde la que menos consideramos: la que utilizan los demás para percibirnos, ya que esa imagen es difícil de ver en un espejo o en una selfi.