A diferencia de un trabajo en el que las retribuciones o el precio está acordado de antemano, en las inversiones financieras nuestra mente sabe que los beneficios potenciales son ilimitados. Con esa mentalidad inversora, la sensación que podemos tener es de insatisfacción permanente, de estar perdiendo oportunidades en todo momento y de dudar mucho acerca de si nuestra operación era la mejor selección entre las disponibles, de no saber donde está el límite…